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Letras de canciones | Otros Textos

Textos, poemas y fragmentos caprichosamente escogidos, por el simple hecho de que me gustan, y los comparto con vosotros.


ALFONSINA STORNI (1892-1938)

El ensayo

Si el corazón me fuera percutido
Pudiera ser que resonara muerto,
pero pudiera ser que diese ruido
De pájaros cantores en un huerto.

Es verdad que a morir, desde nacido,
Este buen corazón se va ensayando,
Pero, ensayos de un drama no aprendido,
Así vive, cayendo y levantando.

Las veces que ha cambiado de postura
No son una por ciento, sino cien,
Que el arte de morir es cosa dura:
Se ensaya mucho y no se aprende bien.


de Languidez (1920)

ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972)

Poema

Tu eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.
Tu haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura.

de Los trabajos y las noches (1965)

bosque musical

los pájaros dibujaban en mis ojos
pequeñas jaulas

DELMIRA AGUSTINI (1886-1914)

En silencio

Por tus manos indolentes
Mi cabello se desfloca;
Sufro vértigos ardientes
Por las dos tazas de moka

De tus pupilas calientes;
Me vuelvo peor que loca
por la crema de tus dientes
En las fresas de tu boca;

En llamas me despedazo
Por engarzarme en tu abrazo,
Y me calcina el delirio
Cuando me yergo en tu vida,
Toda de blanco vestida,
Toda sahumada de lirio!


de Los cálices vacíos (1913)

EDUARDO MALLEA (1903-1982)

...

"Basta. He aquí una palabra. Basta. Es más que una palabra: es una decisión. Una expresión de voluntad, una expresión de energía en acción. Assez. Ya es bastante. Ya es demasiado. Es -gentes jóvenes que nos escuchan- el verbo de no querer más ¡Basta!" Queremos poner aquí, en nuestra proa, esta palabra, esta sola palabra. Basta. Esta no es una palabra para capitalistas. Esta no es una palabra para especuladores. Esta no es una palabra para los que juntan cualquier cosa (monedas, intereses, bibelots, honores, títulos o porquerías). Esta no es una palabra para los que quieren cosas buenas, amables y cómodas. Esta no es una palabra para señoras o histriones o intrigantes. Esta no es una palabra para los que presencian la farsa dirigiendo, gozando y aplaudiendo; esta no es una palabra para ambiciosos de ningún género. Esta no es una palabra para duques, charlatanes, oradores, beatos, hipócritas e imbéciles. Para todas estas especies no es esta la palabra. Para todas esas especies la palabra es otra. Para todas esas especies la palabra es muy diferente. Para todas esas especies la palabra es: Más.
"Basta es una palabra para nosotros. Basta es la palabra que queremos. Basta es la palabra que escribimos aquí, a la cabeza de este periódico, que no es un periódico, que no es un periódico para aquellas especies. Basta es una palabra de gente joven. Basta es una palabra para intransigentes. Basta es una palabra para gente honrada. Basta es una palabra que viene bien a los limpios de intención. Ellos son los que la esperan y para ellos la inscribimos aquí. Ellos y nosotros estamos unidos por esta palabra.
"Basta es una palabra para nosotros. Basta es la palabra que aquí que no empezamos por donde se empieza generalmente: por un mar de palabras. Empezamos por una sola palabra. No necesitamos por ahora más que una sola palabra. No necesitamos vivir en la Babel habitual, en la confusión más caótica de términos, en el hervidero de vocablos podridos, en la olla común de los conversadores, de los falsos, de los energúmenos. No necesitamos más que una palabra que barra con las malas, que barra con las fraudulentas, que se oponga categóricamente a los equívocos verbos. No necesitamos más que una palabra unívoca. No necesitamos más que la palabra: basta.
"Ella, a nosotros, también nos basta. Ella basta para decir lo que basta. Para decir hasta aquí y no más. Para decir Quosque tandem?¡Basta!
"Basta.
Basta de otras cosas. Basta de muchas otras cosas más. Basta a lo largo de nuestros números venideros, enumerando, Basta de abuso, basta de estupidez entronizada, basta de delictuosos pactos de pequeños estados personales dentro del gran Estado; basta de políticos, de exlplotadores, de cínicos con poder y de poderosos con cinismo; basta de torpes arriba y de auténticos abajo. Basta de descomposición pública. Basta de desconocedores del país moral, con mando en el país político. Basta de hijos bastardos del país espiritual, con voz en el país ostensible.
¡Basta de todo eso!
"Basta de otras cosas. Basta de muchas otras cosas más. Basta de lo que nos empequeñece y nos envilece como nación. Basta de los que nos reducen a su medida, que es pequeña; a su idioma, que es precario; a su salud, que está contaminada; a su moral, que es abominable; a su poder, que está basado en el convenio de comité; a su dinero, que viene de malos juegos; a su idiosincrasia, que es grosera; a su cultura, que es torpe; a su vocabulario, que es estólido; a su estilo general, que es el estilo general de una gran indignidad de conciencia.
¡Basta de todos esos!
"Vamos a usar esta palabra. La vamos a blandir. La vamos a tener en la boca. La vamos a tener en la mano. La vamos a tener en la conciencia. La vamos a tener en el intelecto. La vamos a tener en el corazón. La vamos a tener incluso en la corriente de nuestro sueño, que tendrá por características el ser sueño de unos hombres a quienes importa llenar el insomnio con algún adelanto para los otros, para los que no pueden dormir -mereciéndolo- a causa de una o de otra injusticia. Vamos a llevar esta palabra adentro. La vamos a sacar siempre que haga falta. La vamos a tener limpia y lista como la espada de acero que vela el rápido reposo del militar. La vamos a cuidar como cosa sacra. Como cosa que no se va a malemplear. Como cosa que merece fe, que merece sacrificio, que merece una dedicación no verbal. La vamos tener como la salud de nuestro cuerpo, pero no la salud a cubierto, sino la salud arriesgada y a la intemperie.
"Ese es el modo como vamos -gentes jóvenes que nos escuchan- a pensar, a orar, a exclamar, a gritar la palabra basta."


de La Bahía del Silencio (1950)

FERNANDO PESSOA (1888-1935)

La Posada de la razón

A medio camino entre la fe y la crítica se encuentra la posada de la razón. La razón es la fe en lo que se puede comprender sin fe; pero aún así, es una fe, porque comprender implica presuponer que hay algo comprensible.

...

El arte es un eludir la acción, la vida. El arte es la expresión intelectual de la emoción, distinta de la vida, que es la expresión volitiva de la emoción. Lo que no tenemos, o no nos atrevemos a hacer, o no conseguimos, podemos alcanzarlo en sueños, y es con esos sueños que hacemos arte. Otras veces la emoción es a tal punto fuerte que, aunque reducida a la acción, la acción a la que se ve reducida no la satisface; con la emoción que sobra, que quedó inexpresada en la vida, se forma la obra de arte. Así, hay dos tipos de artista: el que expresa lo que no tiene y el que expresa lo que le sobró de lo que tuvo.

...

El haber tocado los pies de Cristo no justifica los errores de puntuación. Si un hombre escribe bien sólo cuando está borracho le diré: emborráchate. Y si me dice que su hígado sufre por eso, le respondo: ¿qué es tu hígado? Es una cosa muerta que vive mientras tú vives, mientras que los poemas que se escriban vivirán sin mientras.

del Libro del Desasosiego

JUAN GELMAN (1930)

Confianza

se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo como viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

de Relaciones, 1971-1973

MACEDONIO FERNÁNDEZ (1874-1952)

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Sólo respetamos el derecho de cada prójimo a ser uno cualquiera. La variante: cualquier cualquiera se inventó en Buenos Aires. No recuerdo quién inventó este felicísimo enigma gramatical; por cierto que todavía estamos en duda si esta duplicación aceptiva es un superlativo o un diminutivo.

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El modo social democrático sufragista tiene mucho del estúpido impulso a la intromisión y el despotismo: Tiranía por elección. Suele ser libertad de elegir éste y no aquel, tiranía por capricho numérico.

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El mejor Gobierno y Organización son aquéllos que imposibilitan o dificultan mucho a los individuos hacerse mutuo daño sin Maldad, más que hacerse daño por Maldad, que es mínima. Mi teoría es: Nación o zona altamente civilizada es una agrupación humana de Mínimum de Envidia. La suma de daño o estorbación material o psicológica que los miembros de un grupo soportan unos de otros, en las agrupaciones de veradera cultura provienen en un mínimum de maldad y en un máximum del impulso egoísta sin maldad, y aun con pena del daño que se hace.

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(A su hijo A.) A los 20 años yo miraba ya de frente algunos pequeños problemas; por ejemplo: pensé que por todos los matices de sonidos múltiples de un estornudo o del toser se podían colegir muchos modos sentimentales de un carácter. También observé que las personas que decían estar muy bien con poco sueño, cuatro o cinco horas, eran dementes o estaban por caer en la demencia.

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Moral de enjambre

Una moral de Enjambre concluiría con todo el discrepar político y económico. ¿Pero cómo nace la moral de enjambre, ¿Por una política (coerción) anterior?

Moral de Enjambre llamo a la confusión de cada individuo con los demás del grupo. O sea, psicológicamente: cada individuo posee su propio psiquismo (sin aviso), y el de simpatía en participación.

Sólo cierta política podría llevar a tal moral, pero también podría ser resultado de un conjunto de casualidades o sincronismos: a fuerza de tener que obrar colectivamente para salvarse de peligros exteriores, se formaría esa sociología y psicología de enjambre. A las veinte veces que un grupo de obreros mueve a una sola voz u tirante, o rema, o tira de una soga, acaba por producirse un proceso de identificación que no se da en un grupo aleatorio, incidental.

¿Cuáles son las causas específicas de la convivencia Enjambre de abejas? ¿Por qué hay la pasión de enjambre en las abejas y no en los mosquitos, aunque las abejas están dotadas de armadura, de suerte que podrían vivir solitarias?

Quizá la obligación de luchar siempre en circunstancias en que la acción individual es ineficaz, determinó reunión tan íntima: lo que no podía el pequeño poder ofensivo de una picadura para abatir un enemigo lo podrúan veinte picaduras, es decir la comunidad. Los muertos por enjambres de abejas lo dirían.

Las abejas sobreviven como la especie que son porque la casualidad (accidental natural) hizo que en su psíquica, en sus impulsos activos, se dio el impulso a atacar todas cuando ataca una, al mismo tiempo, al mismo enemigo; como un ataque individual es pobre en poderes este tipo de animal no habría sobrevivido; ¿en ese tipo? ¿habría sido otro tipo? Para que haya este impulso psíquico debe haber una particularidad neural o caso así en su fisiología. Cuál es, nunca los sabremos; ni es necesario, útil, saberlo. Así como el mayor fisiólogo y todos los humanos no padecen nada por ignorar la cifra de millones de células de tal o cual cuerpo humano.

También una política, y una educación, podrían obtener este resultado: reemplazar esa casualidad cósmica que hizo nacer el Enjambre, por un plan pensado que conduzca al mismo efecto. El sistema de la Policía es aplastar numéricamente al enemigo: uno contra cinco; la moral de Enjambre tiende a hacer buenos a los niños, hacer que sientan el dolor ajeno lo mismo que el propio.

Nosotros los hombres somos biológicamente muy defectuosos; creo que muchos animales pueden vivir sin comer y sin respirar o practican sistemas de autocatalepsiarse y enquistarse, cuando las circunstancias son desfavorables. Aquí, si nos desmayamos corre un médico para sacarnos del desmayo, como si fuera un pozo sin fondo. En el box cae el boxeador y sólo se le da ventilación y, a lo sumo una toalla húmeda. Si en este caso se acepta el auxilio exterior es porque participamos en un plan de colaboración porque es más barato; fisiológicamente, por ejemplo, si se nos atraganta un huesito: otro nos auxiliará más eficazmente por la dificultad que tenemos de ver nuestra propia garganta. Lo mismo en el caso de echarle agua al boxeador, pero no porque sea necesario "intervenir". ¿Grado de enjambre?

Macedonio Fernández

Prólogo de "Política británica en el Río de la Plata" (1936)

La economía es un método de auscultación de los pueblos. Ella nos da palabras específicas, experiencias anteriores resumidas, normas de orientación y procedimientos para palpar los órganos de esa entidad viva que se llama sociedad humana. En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida: pesa y mide la producción de alimentos de materia prima, tasa las posibilidades adquisitivas, coteja los niveles de vida y capacidad productiva, enumera y determina los cauces de los intercambios y, en momentos de fatuidad, pretende pronosticar las alternativas futuras de la actividad humana. Pero la economía bien entendida es algo más. En sus síntesis numéricas laten, perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuando menos.

El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu del hombre se enciende entre las inmundicias de sus vísceras. No hay posibilidad de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en u destino común. Todo hombre humano es el punto final de un fragmento de historia que termina en él, pero es al mismo tiempo una molécula inseparable del organismo económico de que forma parte. Y así enfocada, la economía se confunde con la realidad misma.

Temas para extraviar son todos los de la realidad americana. Esa realidad nos contiene, su calidad condiciona la nuestra. Somos un instante de su tiempo, un segmento de su espacio histórico. Ella delimita constantemente la posibilidad del esfuerzo individual. No podemos ser más inteligentes que nuestro medio sin ser perjudiciales a los que quisiéramos servir y a nosotros mismos. Valemos cuanto vale la realidad que nos circunda.

La realidad se anecdotiza incesantemente en nuestros actos y en nuestros pensamientos sin que la inteligencia americana se preocupe de consignarlos. Solemos referirnos a los pasados de América que se anotaron con trascendencia histórica, solemos hilvanar imaginerías sobre su porvenir, pero el instante vivo en que la historia se confecciona, sólo ha merecido desdén de la inteligencia americana que podía haberlos descrito. Y ésa es una de las grandes traiciones que la inteligencia americana cometió con América.

Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida que esos hombres convivieron no se encontrarán, sino ocasionalmente, por ninguna parte.

Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborígen fue sustituído por inmigrantes. ëstos eran hechos enormes, objetivos, claros. La inteligencia americana nada vió, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego op disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado para todos. No tenía relatores, menos aún podía te´er intérpretes y todavía menos conductores instruídos en los problemas que debían encarar.

Sin un contenido vital, las palabras que en Europa determinan una realidad, en América fueron una entelequia, cuando no una traición. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que no habían nacidop en nuestro suelo y dentro e los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. La deliberación de las conveniencias prácticas fue reemplazada por antagonismos tan sin sentido que más parían antagonismos religiosos que políticos o intelectuales. En esas luchas personales o absurdamente doctrinarias se disipó la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estasnacientes sociedades.

Los revolucionarios de 1810, por ejemplo, con exclusión de Mariano Moreno, adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España, que era una nación poderosa, recurrió a medidas restrictivas para mantener el dominio comercial del continente ¿cómo se defenderían de los riesgos de la excesiva libretad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le sacrificó todas las industrias locales.

América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de alguna de esas falsías.

Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones. Desgraciadamente, es difícil aprehender con seguridad a nuestro país. Hay que darlo por presente en las meras palabras que lo denominan o en los símbolos que lo alegorizan. O ser extremadamente sutil para asir entre lo ajeno y lo corrompido esa materia finísima, impalpable casi e incorruptible que es nuestro espíritu, el espíritu de la muchedumbre argentina: venero único de nuestra probabilidad.

Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas.

Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir el desaliento y corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere el sostén del optimismo.

Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país. El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a una vía que termina en la prevariación, porque ese optimismo falaz oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino.

No es un impulso moral el que anima estas palabras. Es un impulso político. Cuando los estados Unidos de Norte América se erigieron en nación independiente, Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de segundo orden, y fue la energía ejemplar de William Pitt la salvadora de su prestigio y de su temple. Decía Pitt: "Examinemos lo que aún nos queda con un coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamnete y se los estudia con decidida verdad". Ésa es la norma de este libro.

ROBERTO JUARROZ (1925-1995)

38

Menos que el circo ajado de tus sueños
y que el signo ya roto entre tus manos.
menos que el lomo absorto de tus libros
y que el libro escondido
de páginas en blanco.
Menos que los amores que tuviste
y que el tizne que alarga los amores.
Menos que el dios que alguna vez fue ausencia
y hoy ni siquiera es ausencia.
Menos que el cielo que no tiene estrellas,
menos que el canto que perdió su música,
menos que el hombre que vendió su hambre,
menos que el ojo seco de los muertos,
menos que el humo que olvidó su aire.

Y ya en la zona del más puro menos
colocar todavía un signo menos
y empezar hacia atrás a unir de nuevo
la primera palabra,
a unir su forma de contacto oscuro,
su forma anterior a sus letras,
la vértebra inicial del verbo oblicuo
donde se funda el tiempo transparente
del firme aprendizaje de la nada.
Y tener buen cuidado
de no errar otra vez el camino
y aprender nuevamente
la farsa de ser algo.

quinta poesía vertical (1974)

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64

Con la boca en una mano
y la muerte en la otra,
le hago cuestiones al silencio.
Le dibujo lunares,
le exijo garantías para el grito,
le calculo su dosis de respuesta.

Algo así como un gran animal triste
viene entonces a desnudarse en mi voz,
pero encuentra que ya estaba desnudo.

Mientras tanto,
una de mis dos manos se ha quedado vacía.
Y yo nunca sabré cuál de las dos.

poesía vertical (1958)

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21

El destino del paso que no damos
se inscribe en un espacio paralelo
y nace allí una secuencia de pasos no dados,
que cumplen sin embargo su destino de pasos
y en algún lugar o tiempo
se encuentran
o por lo menos se cruzan con los nuestros
y entonces de alguna manera los corrigen.

Hacia un lado o hacia otro,
el hombre debe dar todos sus pasos.

octava poesía vertical (1984)