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Letras de canciones | Otros Textos Textos, poemas y fragmentos caprichosamente escogidos, por el simple hecho de que me gustan, y los comparto con vosotros.
El ensayo Si el corazón me fuera percutido Es verdad que a morir, desde nacido, Las veces que ha cambiado de postura
Poema Tu eliges el lugar de la herida de Los trabajos y las noches (1965) bosque musical los pájaros dibujaban en mis ojos En silencio Por tus manos indolentes De tus pupilas calientes; En llamas me despedazo
... "Basta. He aquí una palabra. Basta. Es más que una palabra: es una decisión. Una expresión de voluntad, una expresión de energía en acción. Assez. Ya es bastante. Ya es demasiado. Es -gentes jóvenes que nos escuchan- el verbo de no querer más ¡Basta!" Queremos poner aquí, en nuestra proa, esta palabra, esta sola palabra. Basta. Esta no es una palabra para capitalistas. Esta no es una palabra para especuladores. Esta no es una palabra para los que juntan cualquier cosa (monedas, intereses, bibelots, honores, títulos o porquerías). Esta no es una palabra para los que quieren cosas buenas, amables y cómodas. Esta no es una palabra para señoras o histriones o intrigantes. Esta no es una palabra para los que presencian la farsa dirigiendo, gozando y aplaudiendo; esta no es una palabra para ambiciosos de ningún género. Esta no es una palabra para duques, charlatanes, oradores, beatos, hipócritas e imbéciles. Para todas estas especies no es esta la palabra. Para todas esas especies la palabra es otra. Para todas esas especies la palabra es muy diferente. Para todas esas especies la palabra es: Más.
La Posada de la razón A medio camino entre la fe y la crítica se encuentra la posada de la razón. La razón es la fe en lo que se puede comprender sin fe; pero aún así, es una fe, porque comprender implica presuponer que hay algo comprensible. ... El arte es un eludir la acción, la vida. El arte es la expresión intelectual de la emoción, distinta de la vida, que es la expresión volitiva de la emoción. Lo que no tenemos, o no nos atrevemos a hacer, o no conseguimos, podemos alcanzarlo en sueños, y es con esos sueños que hacemos arte. Otras veces la emoción es a tal punto fuerte que, aunque reducida a la acción, la acción a la que se ve reducida no la satisface; con la emoción que sobra, que quedó inexpresada en la vida, se forma la obra de arte. Así, hay dos tipos de artista: el que expresa lo que no tiene y el que expresa lo que le sobró de lo que tuvo. ... El haber tocado los pies de Cristo no justifica los errores de puntuación. Si un hombre escribe bien sólo cuando está borracho le diré: emborráchate. Y si me dice que su hígado sufre por eso, le respondo: ¿qué es tu hígado? Es una cosa muerta que vive mientras tú vives, mientras que los poemas que se escriban vivirán sin mientras. del Libro del Desasosiego Confianza se sienta a la mesa y escribe y más: esos versos han de servirle para no ganará plata con ellos ni papagayos ni bufandas ni barcos «con este poema no tomarás el poder» dice de Relaciones, 1971-1973 ** ** ** ** ** Moral de enjambre Una moral de Enjambre concluiría con todo el discrepar político y económico. ¿Pero cómo nace la moral de enjambre, ¿Por una política (coerción) anterior? Moral de Enjambre llamo a la confusión de cada individuo con los demás del grupo. O sea, psicológicamente: cada individuo posee su propio psiquismo (sin aviso), y el de simpatía en participación. Sólo cierta política podría llevar a tal moral, pero también podría ser resultado de un conjunto de casualidades o sincronismos: a fuerza de tener que obrar colectivamente para salvarse de peligros exteriores, se formaría esa sociología y psicología de enjambre. A las veinte veces que un grupo de obreros mueve a una sola voz u tirante, o rema, o tira de una soga, acaba por producirse un proceso de identificación que no se da en un grupo aleatorio, incidental. ¿Cuáles son las causas específicas de la convivencia Enjambre de abejas? ¿Por qué hay la pasión de enjambre en las abejas y no en los mosquitos, aunque las abejas están dotadas de armadura, de suerte que podrían vivir solitarias? Quizá la obligación de luchar siempre en circunstancias en que la acción individual es ineficaz, determinó reunión tan íntima: lo que no podía el pequeño poder ofensivo de una picadura para abatir un enemigo lo podrúan veinte picaduras, es decir la comunidad. Los muertos por enjambres de abejas lo dirían. Las abejas sobreviven como la especie que son porque la casualidad (accidental natural) hizo que en su psíquica, en sus impulsos activos, se dio el impulso a atacar todas cuando ataca una, al mismo tiempo, al mismo enemigo; como un ataque individual es pobre en poderes este tipo de animal no habría sobrevivido; ¿en ese tipo? ¿habría sido otro tipo? Para que haya este impulso psíquico debe haber una particularidad neural o caso así en su fisiología. Cuál es, nunca los sabremos; ni es necesario, útil, saberlo. Así como el mayor fisiólogo y todos los humanos no padecen nada por ignorar la cifra de millones de células de tal o cual cuerpo humano. También una política, y una educación, podrían obtener este resultado: reemplazar esa casualidad cósmica que hizo nacer el Enjambre, por un plan pensado que conduzca al mismo efecto. El sistema de la Policía es aplastar numéricamente al enemigo: uno contra cinco; la moral de Enjambre tiende a hacer buenos a los niños, hacer que sientan el dolor ajeno lo mismo que el propio. Nosotros los hombres somos biológicamente muy defectuosos; creo que muchos animales pueden vivir sin comer y sin respirar o practican sistemas de autocatalepsiarse y enquistarse, cuando las circunstancias son desfavorables. Aquí, si nos desmayamos corre un médico para sacarnos del desmayo, como si fuera un pozo sin fondo. En el box cae el boxeador y sólo se le da ventilación y, a lo sumo una toalla húmeda. Si en este caso se acepta el auxilio exterior es porque participamos en un plan de colaboración porque es más barato; fisiológicamente, por ejemplo, si se nos atraganta un huesito: otro nos auxiliará más eficazmente por la dificultad que tenemos de ver nuestra propia garganta. Lo mismo en el caso de echarle agua al boxeador, pero no porque sea necesario "intervenir". ¿Grado de enjambre? Macedonio Fernández Prólogo de "Política británica en el Río de la Plata" (1936) La economía es un método de auscultación de los pueblos. Ella nos da palabras específicas, experiencias anteriores resumidas, normas de orientación y procedimientos para palpar los órganos de esa entidad viva que se llama sociedad humana. En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida: pesa y mide la producción de alimentos de materia prima, tasa las posibilidades adquisitivas, coteja los niveles de vida y capacidad productiva, enumera y determina los cauces de los intercambios y, en momentos de fatuidad, pretende pronosticar las alternativas futuras de la actividad humana. Pero la economía bien entendida es algo más. En sus síntesis numéricas laten, perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuando menos. El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu del hombre se enciende entre las inmundicias de sus vísceras. No hay posibilidad de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en u destino común. Todo hombre humano es el punto final de un fragmento de historia que termina en él, pero es al mismo tiempo una molécula inseparable del organismo económico de que forma parte. Y así enfocada, la economía se confunde con la realidad misma. Temas para extraviar son todos los de la realidad americana. Esa realidad nos contiene, su calidad condiciona la nuestra. Somos un instante de su tiempo, un segmento de su espacio histórico. Ella delimita constantemente la posibilidad del esfuerzo individual. No podemos ser más inteligentes que nuestro medio sin ser perjudiciales a los que quisiéramos servir y a nosotros mismos. Valemos cuanto vale la realidad que nos circunda. La realidad se anecdotiza incesantemente en nuestros actos y en nuestros pensamientos sin que la inteligencia americana se preocupe de consignarlos. Solemos referirnos a los pasados de América que se anotaron con trascendencia histórica, solemos hilvanar imaginerías sobre su porvenir, pero el instante vivo en que la historia se confecciona, sólo ha merecido desdén de la inteligencia americana que podía haberlos descrito. Y ésa es una de las grandes traiciones que la inteligencia americana cometió con América. Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida que esos hombres convivieron no se encontrarán, sino ocasionalmente, por ninguna parte. Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborígen fue sustituído por inmigrantes. ëstos eran hechos enormes, objetivos, claros. La inteligencia americana nada vió, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego op disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado para todos. No tenía relatores, menos aún podía te´er intérpretes y todavía menos conductores instruídos en los problemas que debían encarar. Sin un contenido vital, las palabras que en Europa determinan una realidad, en América fueron una entelequia, cuando no una traición. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que no habían nacidop en nuestro suelo y dentro e los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. La deliberación de las conveniencias prácticas fue reemplazada por antagonismos tan sin sentido que más parían antagonismos religiosos que políticos o intelectuales. En esas luchas personales o absurdamente doctrinarias se disipó la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estasnacientes sociedades. Los revolucionarios de 1810, por ejemplo, con exclusión de Mariano Moreno, adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España, que era una nación poderosa, recurrió a medidas restrictivas para mantener el dominio comercial del continente ¿cómo se defenderían de los riesgos de la excesiva libretad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le sacrificó todas las industrias locales. América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de alguna de esas falsías. Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones. Desgraciadamente, es difícil aprehender con seguridad a nuestro país. Hay que darlo por presente en las meras palabras que lo denominan o en los símbolos que lo alegorizan. O ser extremadamente sutil para asir entre lo ajeno y lo corrompido esa materia finísima, impalpable casi e incorruptible que es nuestro espíritu, el espíritu de la muchedumbre argentina: venero único de nuestra probabilidad. Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas. Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir el desaliento y corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere el sostén del optimismo. Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país. El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a una vía que termina en la prevariación, porque ese optimismo falaz oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino. No es un impulso moral el que anima estas palabras. Es un impulso político. Cuando los estados Unidos de Norte América se erigieron en nación independiente, Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de segundo orden, y fue la energía ejemplar de William Pitt la salvadora de su prestigio y de su temple. Decía Pitt: "Examinemos lo que aún nos queda con un coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamnete y se los estudia con decidida verdad". Ésa es la norma de este libro. 38 Menos que el circo ajado de tus sueños Y ya en la zona del más puro menos quinta poesía vertical (1974) -- 64 Con la boca en una mano Algo así como un gran animal triste Mientras tanto, poesía vertical (1958) -- 21 El destino del paso que no damos Hacia un lado o hacia otro, octava poesía vertical (1984)
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